Todas las personas hemos tenido, tenemos y tendremos decepciones, problemas y malos momentos en la vida, y es cierto que cada uno lo afrontamos  de diferente manera. Sin embargo, la actitud de algunas personas siempre va a ser la misma; es más, su actitud y respuesta ante una situación difícil es la misma que ante una buena y positiva: decepción, queja, inconformismo.  A esa actitud es la que yo denomino “tóxica”, y cuando una persona se caracteriza por ese tipo de actitudes, yo la denomino: “persona tóxica” (sin ánimo de ofenderá nadie).

Una persona tóxica siempre ve el vaso medio vacío, no se conforma con nada, está esperando a que llegue una oportunidad mejor, considera que todo lo de los demás es mejor que lo suyo, no dice cosas positivas, provoca emociones negativas en las personas, es “habladora negativa” y “no hacedora” (en vez de no hacer las cosas, habla de porque no se puede hacer o refunfuña), no intenta las cosas, se queja de todo, y siente una alegría interna cuando otra persona se une y se queja de las mismas cosas…. Esas personas tiene un gran problema: su actitud ante la vida.

Son personas agotadoras, cansan a quien se encuentra a su alrededor: impiden sentirse bien, ser feliz; se interponen en las metas y en la solución de los  problemas; no te dejan disfrutar de las pequeñas cosas de la vida. No son personas malas, ni creo que hay que alejarse de todas ellas -cada caso hay que valorarlo-, porque pueden tener un fondo y corazón maravilloso, pero… su problema es la actitud ante la vida y, si no te das cuenta, pueden llegar a contagiarte su actitud o estresarte.

Hace muy poco, me encontré por primera vez con una persona que tiene esta actitud ante la vida, y sin darme cuenta, fui entrando en su juego y forma de ver las cosas; sin yo quererlo, comencé a ser una persona tóxica.
Siempre disfruto mucho en el trabajo, pero durante dos semanas, esto dejó de ocurrir: los lunes llegaba con energía del fin de semana, el miércoles ya no podía con mi cuerpo ni con mi cabeza: las quejas me agotaban (las suyas y las mías), estaba muy estresada y el tiempo de trabajo no cudía nada. Por suerte, tenia los fines de semana para desintoxicarme y reflexionar, hasta que detecté el problema y actué: “ponerme el chubasquero”, es una forma resumida de llamar a la actitud que tomo cada día:

  • Usar el humor
  • No responder al juego, no seguir temas de conversación negativos e incluso cambiar de tema.
  • Ser positivo, y responder de manera positiva a las quejas.
  • No dar importancia a las palabras negativas.
  • Ser cortante en las quejas.

Si tenéis alrededor a una persona con actitud tóxica…. ¡PONEOS EL CHUBASQUERO… Y A DISFRUTAR DE LA VIDA!

Finalizaré este post, con una reflexión sobre el poder de las palabras:

Las palabras tienen mucho poder tanto en nosotros mismos como en los demás. Las palabras pueden motivar y levantar a una persona o la pueden herir profundamente y aplastar. Debemos tener cuidado en las palabras que utilizamos y en las que escuchamos y, si éstas últimas no nos gustan, quizás es el momento de aprender y hacer oídos sordos.

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