Hace quince meses comencé a trabajar en la empresa en la que continuo a día de hoy. En realidad, este es mi primer empleo (con contrato, cotización a seguridad social, derecho a vacaciones, etc.) pero desde hace unos días estoy planteando un cambio, buscar nuevas oportunidades y retos.

En realidad, me muero de ganas por ser autónoma y luchar por hacer realidad un proyecto que tengo en mente desde hace mucho tiempo, pero aún creo que es pronto por varios motivos, entre ellos: a nivel personal todavía no estoy preparada, soy muy impulsiva y todavía no se separar del todo trabajo-vida personal, lo cual siendo autónoma puede llegar a ser un problema; mi recorrido en el sector socio-sanitario todavía es escaso; no tengo suficientes ahorros para comenzar, con 23 años pocas personas apostarían económicamente por el proyecto. Y mientras llega ese momento de lanzarme a la piscina, me voy preparando: cada día intento aprender algo nuevo o desarrollar mis capacidades y habilidades en la empresa.

Trabajo en una pyme, donde los socios hace quince meses confiaron en mí para formar parte del proyecto, me dieron una oportunidad -en otro post os hablaré de ello-. Quince meses comenzando y apostando por dos nuevos proyectos (y literalmente nuevos, porque fui la primera empleada contratada externa a los dueños), por dos nuevas empresas.
Son dos empresas, donde actualmente somos 3 empleados: uno en cada empresa y yo en medio trabajando para las dos, soy… una especie de comodín -como dice mi compañero- o como me gusta decir a mi: soy “multifunción”.

Estoy muy contenta en este trabajo, para nada me quejo, pero desde hace días me ronda la cabeza buscar un cambio. No un cambio de área de intervención, sino un cambio de aires, un cambio de tipo de organización: estar en una asociación, ONG o multinacional. Se que esta última es complicado por el área en el que estoy especializada, pero, quiero aprender, abrir nuevos horizontes. No dejo de tener un perfil junior dentro del trabajo social, y donde estoy tengo soy “autodidacta”, no tengo a nadie de quien aprender de lo bueno y desechar lo malo, no tengo con quien hablar ni debatir ciertos aspectos del día a día, no tengo quien me corrija… y esto, me hace querer un cambio. Un cambio que quizás me quite autonomía y capacidad de decisión, pero necesito ser “becaria” o la chica de prácticas, por decirlo de alguna manera.

Siempre que me planteo un cambio en mi vida, dedico tiempo para hacer un análisis de la situación, de las ventajas e inconvenientes. ¿Para que? pues para estar bien segura de lo que quiero; reflexionar antes de tomar una decisión, me ayuda a no rendirme durante el camino, a no dejar el cambio en un mero intento a la primera que se plantea una dificultad. Así que allá voy…. me tomaré un tiempo para este análisis, y establecer un horizonte.

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