Las investigaciones documentan, como resultado de la práctica del Mindfulness, cambios producidos tanto en la experiencia interior como en la conducta externa. Varios estudios recientes demuestran los efectos de la práctica formal del Mindfulness en la función y estructura cerebrales.

Tradicionalmente, se sostenía que las transformaciones radicales del cerebro sólo se producían en la infancia, siendo la plasticidad del cerebro en la edad adulta casi imposible. Sin embargo, una nueva investigación de Begley (2006, citado por Siegel, 2007) demostró que: “la transformación del cerebro se produce a lo largo de toda la vida –en violinistas y taxistas se muestran cambios en las áreas del cerebro que utilizan a diario: la corteza somatosensorial y el hipocampo, respectivamente” (p. 144). Del mismo modo, la investigación sobre la meditación ha demostrado un mayor grosor cortical del cerebro asociada con la experiencia meditativa (Lazar, Kerr, Wasserman, Gray, Greve, Treadwat, et
al., 2005, citado por Siegel, 2007) y el aumento de la concentración de materia gris del hipocampo izquierdo (Hölzel, Carmody, Vangel, Congleton, Yerramsetti, Gard, et al., 2011, citado por Simón, 2011).

El doctor Davidson (2012) de la Universidad de Wisconsin, expone cómo Mindfulness activa el cerebro y se vincula con la experiencia mental y con los estados corporales. Por su parte, Siegel (2007) describe las funciones afectadas: las zonas del tronco encefálico (ritmo cardíaco, respiración, estados de alertasomnolencia, etc.), el área límbica (apego, memoria y afecto; sensaciones y emociones internas; y el hipotálamo conecta con la regulación hormonal, con el sistema inmunitario y con la conexión endocrina entre cerebro y cuerpo) y las regiones prefrontales de la corteza (regulación corporal, comunicación sintónica, flexibilidad de respuesta, activación de los circuitos de resonancia, regulación del miedo, desarrollo de la intuición y de la moralidad, etc.).

Los doctores Lazar, Kerr, Wasserman, Garry, Greve y Treadway (2005, citado por Siegel, 2007), estudiaron las resonancias magnéticas de sujetos de control meditadores y no meditadores occidentales, concluyendo que los primeros presentaban unas cortezas cerebrales más espesas en tres zonas: la ínsula anterior, corteza sensorial y corteza prefrontal. En otro estudio de 2009, estos mismos autores descubrieron cambios medibles en una parte del tronco encéfalo implicado en la producción de serotonina, neurotransmisor regulador del estado anímico.

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