El Mindfulness se fundamenta en prácticas formales e informales de meditación, y en ejercicios no basados en la meditación.

El Mindfulness formal –más conocido como meditación–, consiste en reservar tiempo cada día para meditar: implica una introspección intensa. Hay muchos tipos de meditación; la mayoría escoge un objeto de atención (respiración, sensaciones corporales, etc.); y cadavez que la mente intente divagar, la atención se vuelve hacia el objeto. En ese punto, se practica la plena conciencia dirigiendo la mente a cualquier cosa que empiece a predominar (generalmente centrarse en cómo es, experimentar el acontecimiento en el cuerpo: las sensaciones físicas o experiencias emocionales tal y como se experimentan).

Por su parte, el Mindfulness informal, consiste en la aplicación de la atención a cualquier aspecto de la vida cotidiana. Cualquier actividad puede acabar convirtiéndose en un objeto de la práctica informal del Mindfulness: comer, pasear, etc. Thich Nhaht Hahn (2000) sugiere una serie de técnicas informales para desarrollar la plena conciencia, específicamente dirigidas a contrarrestar nuestra tendencia a la multitarea o a hacer cosas de manera mecánica; por ejemplo, cuando lavamos los platos, tratar de reparar en la sensación de agua y jabón en las manos, el brillo de los platos una vez limpios.

Los ejercicios de Mindfulness que no se basan en la meditación se utilizan específicamente en la Terapia Dialéctico-Conductual (DTC; Lineahn, 1993) y la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT; Hayes, Stroshal y Wilson, 1999). Los/las terapeutas y formadores de terapeutas pueden utilizar algunos de estos ejercicios para cultivar el Mindfulness en sus relaciones terapéuticas.

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